Querida Juliana.
Hoy quiero continuar contándote lo que a la postre ya sabes. Todos los días pedía fotos tuyas y tú gentilmente me las enviabas, eran fotos preciosas donde yo podía observar con detenimiento tu hermosa figura, tu escultural cuerpo y la línea agradable de tu talle.
Me embelesaba por largos minutos viendote en la pantalla de mi portátil y a veces delineaba con mi dedo los contornos sinuosos de ese cuerpo escultural; apreciaba tu cuerpo de negra bella, joven y llena de vitalidad; me entretenía mirando tus ojos, tu nariz y esos labios rosados que me atraían e invitaban irremediablemente al beso.
Miraba la curvatura perfecta que delineaba tu blusa sobre esos senos erectos y provocativos, eso hizo que me atreviera a dar un paso más atrevido, cual fue indagar tímidamente por tus senos, por eso te pregunté con temor que cómo eran, no contestaste, por eso tuve que aventurar otras preguntas y te las hice:
¿Suaves o duros? y contestaste al rato con mucha seguridad, dijiste: ¡Duros!
¿Grandes, medianos o pequeños? dijiste: ¿Grandes!
¿Los pezones son rosados o morenos? y con mucha seguridad me dijiste: ¡Morenos!
Luego, en un cambio de genio del que ya me estoy acostumbrando, diste un giro a la conversación y me dijiste en forma seca: ¡No pregunte más por eso!
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